domingo, 10 de enero de 2010

Neige sur Sevilla. Neige sur Paris

Hoy caen copos de nieve en Sevilla.
Estamos Ibrahim y yo en el café Hércules. Son las 13:43 horas cuando él me dice; mira la torre de la iglesia (la del Omnium Santorum) están cayendo copos de nieve. La gente que está dentro y fuera del café también mira sorprendida con cara de mucho frío y sonrientes. Los niños están cantando: que cuaje, que cuaje, que cuaje. Esperamos un rato pero no fue posible. Le cuento a Ibrahim que es lógica esta sorpresa entre nosotros porque en Sevilla hace más de 50 años que no nieva. Él lo entiende, me comenta, es igual que si nevara en Dakar, que yo recuerde no ha nevado nunca.
Después seguimos esperando la nieve y él me dice que Leopold Sedar Segnor tiene un poema que se llama “Neige sur Paris” recordando al poema de Paul Verlaine “ Il pleure dans mon coeur, comme il pleut sur la ville”.
Aquí os dejamos este poema en francés y en español.

Neige sur Paris

Léopold Sédar Senghor (Sénégal, 1906-2001)

Seigneur, vous avez visité Paris par ce jour de votre naissance
Parce qu'il devenait mesquin et mauvais
Vous l'avez purifié par le froid incorruptible
Par la mort blanche.
Ce matin, jusqu'aux cheminées d'usines qui chantent à l'unisson
Arborant des draps blancs
- « Paix aux Hommes de bonne volonté! »
Seigneur, vous avez proposé la neige de votre paix au monde divisé, à l'Europe divisée
A l'Espagne déchirée et le Rebelle juif et catholique a tiré ses mille quatre cents canons contre les montagnes de votre Paix.
Seigneur, j'ai accepté votre froid blanc qui brûle plus que le sel.
Voici que mon cœur fond comme neige sous le soleil.
J'oublie
Les mains blanches qui tirèrent les coups de fusils qui croulèrent les empires
Les mains qui flagellèrent les esclaves qui vous flagellèrent
Les mains blanches poudreuses qui vous giflèrent, les mains peintes poudrées qui m'ont giflé
Les mains sûres qui m'ont livré à la solitude à la haine
Les mains blanches qui abattirent la forêt de rôniers qui dominait l'Afrique,
au centre de l'Afrique
Droits et durs, les Saras beaux comme les premiers hommes qui sortirent de vos mains brunes.
Elles abattirent la forêt noire pour en faire des traverses de chemin de fer
Elles abattirent les forêts d'Afrique pour sauver la Civilisation, parce qu'on manquait de matière première humaine.

Seigneur, je ne sortirai pas ma réserve de haine, je le sais, pour les diplomates qui montrent leurs canines longues Et qui demain troqueront la chair noire.
Mon cœur, Seigneur, s'est fondu comme neige sur les toits de Paris

Au soleil de votre douceur
Il est doux à mes ennemis, à mes frères aux mains blanches sans neige
A cause aussi des mains de rosée, le soir, le long de mes joues brûlantes.

Nieve sobre París

Señor, tú que has visitado París, en este día de tu nacimiento
Porque se volvió mezquino y peor
Tú lo habías purificado con el frío incorruptible
Por la blanca muerte.
Esta mañana, hasta las chimeneas de las fábricas cantan al unísono.
Arbolando sábanas blancas
"Paz a los hombres de buena voluntad"
Señor, tú has propuesto la nieve de tu Paz al mundo dividido, a la Europa dividida
A la España rasgada y el rebelde judío y católico ha disparado sus mil cuatro cientos cañones contra las montañas de tu Paz.
Señor yo he aceptado tu frío blanco que quema más que la sal.
Aquí está mi corazón que se funde como nieve bajo el sol.
Yo olvido
Las manos blancas que dispararon tiros de fusil que destruyeron imperios
Las manos que flagelaron esclavos, que te flagelaron
Las manos blancas polvorientas que te abofetearon
Las manos pintadas polvorientas blancas que me han abofeteado.
Las manos seguras que me han empujado a la soledad al odio.
Las manos blancas que abatieron la selva de roneros que dominaban África, en el centro de África
Derechos y duros. Los Saras hermosos como los primeros hombres que surgieron de tus manos morenas.
Ellas abatieron la selva negra para hacer traversas de raíles de tren.
Ellas abatieron las selvas de África para salvar la civilización, porque hacía falta materia prima humana.
Señor, yo no sacaré mi reserva de odio, lo sé, ante los diplomáticos que muestran sus largos colmillos.
Y que mañana trocarán la carne negra.
Mi corazón, Señor, se ha fundido como la nieve sobre los tejados de París.

Al sol de tu dulzura.
Dulce para mis enemigos, para mis hermanos de manos blancas sin nieve
A causa también de las manos del rocío, al atardecer, a lo largo de mis mejillas ardientes.


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